Hell on the Earth Centroamerican Fest
Hermanas repúblicas fusionadas en una noche de metal
Lydia Ruiz
lydwitch@gmail.com
Imágenes, Tomás Goic
· Un fragmento del Black Metal nicaragüense, buena dosis de Death Metal hondureño y cuantioso talento costarricense, hacen una exhibición extrema en San José.
Sin duda alguna el pasado 31 de mayo vivimos un infierno, en el nacimiento de Hell on the Earth Centroamerican Fest. Rockland bar, fue el horno (sede) de ese ardiente festival. Pasados algunos minutos de las cuatro de la tarde, los nacionales de Voltage se encargaron de encender el fuego con su estilo speed, muy preciso en tempos rápidos y demandantes, luego dieron paso al delirio de Demencia, quienes atizaron la llama poniendo en movimiento al público estrujado y tiznado con un crossover thrash donde su baterista, Esteban López, trastornaba una velocidad que unida a la alcohólica demencia de el resto de los integrantes, incitaba a participar en el famoso Mosh pit.
16 años de Blasfemia
La siguiente agrupación en detonar una buena descarga de Death metal/ Grindcore en la pequeña tarima preparada para la ocasión, fue Blasfemia, todo un ícono en la escena metal Hondureña. En medio de la ola de bochorno y ebriedad; los headbangers empezaron a abrazar los característicos riffs de Jacko Amaya, la precisión de índices en el bajo de Eduardo Burgos, la experiencia de Geovany Fonseca en la batería y el clamor Gutural de William Díaz.
Estos músicos, es la segunda vez que vienen a Blasfemar para el público tico, pues ya nos habían visitado en el 2008 para el Festival BoneBreaker. Los 16 años de experiencia que sus instrumentos nos narran se hacen notar en el estrado. “Ellos respondieron el 100% de lo que nosotros entregamos”, enfatizó Jacko Amaya al referirse a los metal heads nacionales.
Amaya asegura que el valor agregado de Blasfemia, es que practican lo que dice su lírica, agresión musical. El trabajo de esos largos años se solidifican en la realización de tres discos, “Abominable Cristianismo, 97´”, “Pontificado e imperio 99´” y”El índice de los libros prohibidos 06´”.
Una vez cumplido su repertorio, los Hondureños se despidieron entre palmas y tímidas voces que pedían ”otra”, sin embargo ahora era el turno de Grave Desecration, una emergente promesa de Death Metal costarricense.
La juventud, aptitud, conocimiento y buena ejecución de sus notas, más la tarea visionaria de crecer y proyectarse, hace de GD una de las bandas más nuevas y mejor posicionada en la escena metal nacional. En su función se encargaron de rociar su buen metal entre los empapados mosheros.
Polémica
A la salida de Grave Desecration le siguió Thanatopsis, grupo de Grindcore nacional, quienes disfrutan de una notable aceptación entre la legión metalera, (bueno eso se logro sentir al salir el quinteto), sin embargo a medio repertorio, un par de individuos lanzaron escupitajos al grupo en escena, por la supuesta alegoría a la pedofilia en una de sus canciones, aunque reiteradamente la agrupación reafirmaba que más bien la canción era contra dicha aberración, las provocaciones de este baladí grupito de individuos no pasó a mayores y el grupo terminó sin infortunios su función.
La próxima agrupación en avivar el ardor en el podio fue Necrolisis, un cuarteto de casi siete años de existencia, nacida en las tierras húmedas de Turrialba y con un currículum en avance. Al sabor de la “Venganza” y “ A sangre fría”, ( la metal armada) disfrutó de una banda que entrega destreza y técnica en cada presentación.
Golgotha, con la experiencia y la agresividad característica, le fue fácil ejercer control y hacerse escuchar entre quienes disfrutan del grind que ellos ofrecen.
Luicifuge Rofocale, fue el carbón que enardeció la hoguera de odio y anticristianismo esa noche en el bar josefino, cientos de cabezas sudadas y cuerpos melindrosos se rozaban fuertemente en el mosh, durante su repertorio de 10 canciones el grupo disfrutó la total aceptación de la horda metalera costarricense, cumpliendo así una de las expectativas del bajista, Miguel Hernández . “Espero apoyo y aceptación de parte de ellos, dejando aparte los problemas políticos de nuestros países y que nos unamos en música está noche “, apuntó Hernández antes de subir a la plataforma.
Los “screams” y riffs del Front Man, Robinson Santeliz, calentaron aún más el ya abochornado lugar junto a sus compañeros, Leslie Cruz, a cargo de la segunda guitarra, Elías Villegas, responsable del doble bombo y Miguel Hernández en el bajo. Fusionados, ellos fueron los responsables del “desturque”, destrucción y anticristianismo.










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